viernes, 16 de septiembre de 2011

Instantáneo - Capítulo 4



Después de comer decidimos deshacernos de mi madre y le propuse ir a tomar un café al centro de la ciudad. No había tenido demasiado tiempo para la reflexión final pero mi objetivo no me permitía dudar.

Así que me embarque en un viaje mental hacía una posible visión de futuro, en el que podía ver como todo terminaba bien y volvía a casa contento de dar un paso importante en mi vida, mientras Marta me miraba con cara de asombro durante los diez minutos que duró el trayecto hasta la mesa de la bonita terraza donde nos alojamos.

Bien abrigados y con una estufa de butano que nos acaloraba el cogote, empezamos a parlotear. Simples comentarios sobre lo divertida que había sido la comida, y lo deliciosa que estaba la carne a la parrilla que había hecho mi madre.

La cosa no estaba para echar cohetes y fue entonces cuando decidí envalentonarme, no podía seguir escuchando tonterías mientras tenía claro que quería terminar con todo aquello, era la hora del hasta luego, y todo comenzó con la frase mágica para las ocasiones.


  -   Marta, tenemos que hablar.

        -  ¿Qué pasa Martín?. Respondió con cara de preocupación.

  
    - Nada… bueno… que en los últimos días me he estado planteando lo nuestro. Ha pasado ya bastante tiempo, y realmente, no veo claro tener una relación estable con mi edad. Pronuncié con convencimiento juvenil.


  -  ¿Qué pasa? ¿Ya te has cansado? ¿ Ya no me quieres?. Eres un auténtico inmaduro. Exclamó ella indignada.
     
        - No es eso…si no que…

Se levantó de la silla de repente, y si antes había estado realmente simpática, ahora era perversa. Cogió el café con leche que había pedido hacía siete u ocho minutos y me lo tiró por encima. Suerte que había pasado ya todo ese tiempo, si no me quemaba la cara.

Mientras me apartaba los gránulos de azúcar de los ojos, me despreció con un “¡Que te den capullo!”, ahondando en ese capullo que sonó con todas sus vocales y todo su significado en mi cabeza. Se giró cogiendo el bolso, y ahí se terminó la escena, propia de mujeres al borde de un ataque de nervios.

Me quede perplejo, miré a ambos lados y me sentí el centro de atención comprobando que a la vez que miraba a la gente de mi alrededor, estos hacían que miraban para otro lado como si con ellos no fuera la cosa, y no se habían enterado.

Esperé esos cinco minutos de reposo, a ver si conseguía olvidarme poco a poco de la escenita. Imposible,  todos y cada uno de los allí presentes estaban esperando el siguiente movimiento.

Me levanté, ya con la mancha de café secándose en mi jersey rojo de lana, y me dirigí hacía la barra para pagar las consumiciones. Mientras sacaba un billete de cinco euros para pagar el café con leche y mi cocacola, al malnacido del encargado solo se le ocurrió decir si quería unas toallitas para secarme el jersey, que lo tenía manchado.

“¿ah, si?, pues no me había fijado”. Pensé irónicamente, y con una mirada de perro le dije “quédate con el cambio”, consciente de que era la primera y la única propina que iba a dejar en ese lugar.

Mientras volvía hacía casa para asimilar todo lo sucedido, me pasé por una tienda de ropa que cruzaba cada día sin haberme detenido allí jamás. Paré en el escaparate, y me decidí a entrar, en busca de un nuevo jersey.

Había poca gente, contaba con ello, y en la primera estantería, a la derecha de la puerta de entrada, estaban colocadas unas camisas de forro polar, bajo la vigilancia de un cartel de color rojo llamativo que anunciaba en letras a mano un “Oferta, camisas anti-frío a 10 euros”.

Encontré una de color negro, adecuada para el día que llevaba, y me la probé por encima de la camiseta interior que llevaba, que por suerte había quedado intacta.

Sin dudar ni un segundo, le quité la etiqueta a esa camisa en oferta, y me dirigí hacia la mujer que se hacía responsable de la tienda esa tarde, muy guapa por cierto.

Se la di, junto con un billete de diez que dejaba huérfana mi cartera, y me marché con gran convencimiento.

Saliendo ya de la tienda, me miré la mano derecha y todavía estaba allí el jersey manchado. Decidí en ese mismo instante que empezaba una nueva etapa,  una nueva camisa para un nuevo momento,  y no había mejor metáfora que esa para resetear mi cabeza en busca de nuevas experiencias sin ahondar en el presente, que justo en ese instante pasaba a formar parte del pasado.

Me acerqué a una papelera bien colocada al otro lado de la acera, y lancé la prenda, junto con todo lo que conllevaba. Era el último regalo que me hizo por Navidad.

jueves, 15 de septiembre de 2011

Azuloscurocasinegro

En relativamente poco tiempo, he visto las tres grandes obras de Daniel Sánchez Arévalo. Primero vi Gordos, unos meses después, y motivado por lo que me gustó esta anterior, vi Primos, y con la necesidad de ver su más laureada obra he visto Azuloscurocasinegro. Recomiendo fervientemente las tres, pero hoy toca hablar de la última, aunque no nos olvidemos de las otras dos, que nos pueden ser útiles.

Jorge (Quim Gutiérrez) es un tipo que siempre se ha sentido encerrado bajo las raíces de su familia, y a partir de la enfermedad de su padre, se ve con la obligación a consciencia de seguir el antiguo trabajo de su progenitor, portero de un edificio. Esa limitación, le provoca ataduras en cuanto a su relación con Natalia, una chica que siempre ha vivido allí pero con la libertad para hacer lo que él no pudo.

Su hermano Antonio (Antonio de la Torre), lleva un tiempo en prisión y poco antes de recibir la condicional, se enamora de Paula (Marta Etura), una prisionera que busca quedarse embarazada para evitar ser maltratada en la cárcel.

Por otro lado aparece Israel (Raúl Arévalo), que entra en escena como si nada y nos termina regalando una historia familiar más que completa, y que nos sirve para mantener la atención en todos los bandos.

Con estos ingredientes juntos, nos encontramos con una gran película, muy del estilo español moderno, con la sensación de que no vamos a ver nada que se salga de la realidad, muy bien contado, actuado, y sobretodo una gran entretenimiento.

A parte de lo anterior, la historia que nos cuentan resulta muy bien dibujada y pensada, realmente original, y como habréis podido comprobar en mi escasa sinopsis, los tres actores que cito en cada uno de los párrafos, resultan geniales como y donde los pongas. No me extraña que salgan en sus posteriores cintas.

Concluyendo, para mi esta, es la más completa de las tres nombradas, lamentablemente, es la primera, espero que no sirva para hacer una semievolución a peor, no lo creo, pero si a este tipo lo dejan trabajar, seguro que nos puede regalar grandes cosas.

Azuloscurocasinegro, un 8.


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miércoles, 14 de septiembre de 2011

1000 maneras de morir

Últimamente la televisión no nos ofrece novedades destacables, sobretodo el grueso de cadenas populares, pero de vez en cuando hay suerte y casualmente podemos encontrar aire fresco que puede entretenernos de verdad.

Así ha sido mi caso, en lo que se refiere a este programa/documental llamado 1000 maneras de morir. Consiste en ofrecernos en cada capítulo una serie de minihistorietas bajo un título y un número del 1 al 1000, en la que nos relatan una muerte real (o basada en hechos reales), verdaderamente incrédula, de manera sorprendentemente cómica.

Basándome en lo que he leído, las muertes son verídicas, pero tal y como las pintan, las familias relacionadas que las vean no van a estar muy contentas...

Cada historia mantiene un patrón, nos presentan la trama, en la que van apareciendo expertos, que en muchos casos son completamente de tono humorísticamente MUY negro, ya sea un tipo disfrazado de Vikingo, bajo la etiqueta de "experto en vikingos" y mostrando seriedad a una muerte vikinga,  o un experto en pedos, bajo una muerte del tipo "Muerte bajo quemadura con metáno".

Todo ello avanza con una voz en off, que nos va contando la historia, en la que en su final es capaz de añadir una moraleja en forma de comentario ingenioso, que aumenta la incredulidad del televidente.

Lo recomiendo muchísimo, genera grandes relatos irónico-humorísticos, os divertireis, y en la mayoría de los casos os intentareis convencer de que no puede ser cierto lo que estáis viendo.

La podemos encontrar en Nitro, las noches de los miércoles a las 00:15.

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domingo, 11 de septiembre de 2011

Instantáneo - Capítulo 3


Empezaba a anochecer.  Ya se había alejado de toda la escena y era momento de detener su camino. Se sentó en una pequeña roca situada a lo alto de una llanura desierta.

Vestía con una camisa azul marino, que había quedado maltrecha, y llevaba unos tejanos desgastados y algo desgarrados en la parte posterior, acompañados de un cinturón de piel barata. Tocándose el cuello, descubrió que lucía una pequeña cadena metálica, con un cristo dibujado en la medalla que yacía enganchada a su hombro, a causa del sudor y polvo que manchaba su cuerpo.

Por el camino, pudo comprobar la gran fortuna que había tenido al salir prácticamente intacto de un accidente de ese calibre. Unos pequeños rasguños en el cuello y en el tórax eran las únicas cicatrices que podían demostrar que él había estado en ese tren.

Comprobó que lo único que llevaba en los bolsillos eran un billete de diez euros y un puñado de monedas que apenas hacían ruido al caminar. En el bolsillo derecho se amontonaban trozos de cigarros rotos en una pequeña cajetilla deformada por el golpe. Nada más.

No tenía comida, no tenía agua. Y en el horizonte no había señales de existir un pueblo cercano.  Se levantó y siguió andando. Su misión había sufrido un cambio de planes. Ya no era necesario seguir huyendo, era el momento de encontrar algo para comer.

Siguió avanzando por el sendero, hasta ver a lo lejos una especie de escultura, de color oscuro, que se apostaba al final de la ladera. Se apresuró un poco, no estaba tan cerca como parecía, hasta que la pudo distinguir.

Tenía la forma de un toro bravo. Soltó una carcajada contundente, digna de haber salido recientemente de un psiquiátrico. Parecía que esa escultura le resultaba familiar, le tranquilizaba.

Repentinamente pudo escuchar el ruido de un claxon sonando repetidamente, que le hizo cambiar el gesto por completo. Rodeó al toro metálico por la parte derecha y se puso a correr gastando todas sus energías, en busca del origen de ese ruido.

Mientras seguía corriendo, algo descompasado, observó que ese ruido provenía de un coche que se marchaba a lo lejos del camino. A medida que se acercaba y ya visionando un sendero pudo ver a un par de pequeños jabalíes que marchaban por el arcén. Debían haber sido los causantes de dicho claxon.

Se detuvo justo en el centro de la carretera, recuperando la respiración, restaba agotado, y miró a lado y lado de la carretera.

A la derecha, la oscuridad de la noche con una luna menguante que iluminaba lo justo para distinguir la senda. A la izquierda las luces rojas a lo lejos, de ese coche que ya no lo iba a descubrir.

Bajó la mirada, sabiendo que había perdido una gran oportunidad y cabizbajo se acurrucó en un pequeño amontonado de hierba que había a dos metros de la vía.
Los párpados se le hacían cada vez más pesados y llevaba mucho cansancio acumulado después de haberse pasado toda la tarde andando, coronando en ese gran sprint final.

Acurrucado en el lugar,  algo dolorido,  se empezó a adormecer lentamente, como saboreando cada segundo de ese descanso sagrado. Pasó su brazo derecho por debajo del cuello para acomodarse, y esbozó una sonrisa de tranquilidad. Se sentía en un clímax que no recordaba, y los sonidos de los grillos impactaban en sus oídos como cantos celestiales que lo llevaban en volandas hacía el descanso eterno.

Habiendo llegado al punto del sueño, en el que llamas a la puerta de la inconsciencia, los grillos fueron callados por otro ruido más potente. Cada vez era más palpable, hasta llegar al punto de hacerle abrir los ojos. Giró la cabeza torciendo el cuello noventa grados y con los ojos muy cerrados observo dos luces blancas que lo enfocaban.

Se había estirado lo suficiente como para invadir el arcén con sus piernas, y en ese momento todavía no reconocía el vehículo que emitía esa luz deslumbrante, que, segundos más tarde propinó un ruido de frenos desgastados, y como se detenía lentamente para venirlo a buscar.

Algo más reconocible, se alzó a la altura del codo apoyando la tierra, y el conductor del camión rojo abría la puerta para rescatarlo. Se acercó a él con cara de preocupación y dijo en un correcto inglés con acento afrancesado:

-       What are you doing where man?

No hubo respuesta, se quedó paralizado, entre el sueño, el cansancio y el shock del momento no cuajó gesto alguno.  Entonces, el conductor lo agarró del brazo derecho colocándoselo en su espalda, y, a cuestas lo fue acercando hacía la puerta del copiloto. Lo subió lentamente,  y consiguió adosarlo derecho en el asiento.

Una vez cargado, el camionero se montó de nuevo en su asiento y reemprendió su camino.



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sábado, 10 de septiembre de 2011

Drácula, de Bram Stoker

Siempre intento hacer críticas objetivas, no quiero que se note demasiado la rasante a la que se dirige mi escritura y trato de ver las cosas de manera justa para todo lo que veo. Sin embargo, tengo que reconocer que hay películas que lógicamente me gustan más que otras, o más allá de la comparación, me gustan y punto pelota, que diría Josep Pedrerol.

Está es una de aquellas que a pesar de que encuentras cosas realmente denunciables, no lo haces y la disfrutas, porque te ha gustado la idea, la manera de hacer, o que sé yo.

Drácula de Bram Stoker, nace como muchas, hace tanto, tanto tiempo... en una comarca de un país muy, muy lejano... un hombre que amaba a su esposa... etc, etc, etc.

Pero, a Coppola se le va la olla, y eso se agradece. Porque para escribir una sosez de hora de la siesta ya estarán otros. De primeras, pasando página al tramo de  "cuenta la leyenda...", encontramos un jovencísimo Keanu Reeves, que empieza pareciendo tonto, y acaba ganando el diploma al más tonto, y diría que hasta le pega (Tanto como personaje, como actuación en ESTE film... siempre recordaré a Neo). Tenemos a un Gary Oldman, que, con perdón, se sube al cielo de los Al Pacinos, y nos regala un Draculón magnífico, con su lujúria, locura, y da miedo de verdad, cuántos valientes entrarían con él en el castillo de Transilvania...

Y luego le sumamos a la Wynona Ryder más guapa que he visto jamás, y a Anthony Hopkins en uno de esos papeles que se nota que le gustan, y personalmente, es el tipo idóneo para ellos (Sobretodo en esos años, principios de los 90...).

La trama avanza por una visita de el joven Jonathan Harker (K. Reeves), al susodicho castillo, donde se halla el Conde Drácula. La visita se produce porque el oficial ha vuelto completamente loco con ideas satánicas, y mandan al pobre Harker a ver que pasa, eso sí, solo, con carroza antigua, y mejorando lo presente, llegando al castillo entre truenos y aullidos.

En el momento del recibimiento, se nos cae la baba viendo a un atemorizador Drácula, que no parece causar estragos en el tenaz visitante. Hemos llegado a lo mejor de la película, y no defrauda, vemos numerosas escenas interesantes entre ellos, y las ganas de saciar la sed del anfitrión. Todo este tramo pantanoso es genial, con escenas de vampiresas y todo, mientras vemos que la joven Mina, se preocupa por su amado, en el jardín de la casa de su mejor amiga.

A partir de aquí, y concluyo el resumen para evitar "aguafiestas", los dos protagonistas principales tratarán de persuadir a Mina, con dispares objetivos, el de una agradecida pareja británica, o el de la vida de los NO muertos...

Destaco sobretodo a Oldman y su personaje, lo primero por encima de lo segundo, la capacidad de acojonar sin hacer sustos, y la poesía que nos transmite pese a todo ello. Es una de aquellas pocas que a pesar del paso de los años, no se ven antiguas, se ven únicas.

Tope Gama le pone un 8. Si ha parecido que es una de mis favoritas, no lo es, pero si que la recomiendo mucho, para pasar un rato muy entretenido.


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martes, 6 de septiembre de 2011

Instantáneo - Capítulo 2



-¿Alguien podría salir a la pizarra y definirme la Transformada de Fourier compleja?, dijo el profesor.

Ante el silencio atónito del resto de estudiantes,  y viendo que el maestro empezaba a poner cara de soberbia haciendo honor a su subjetiva superioridad me dispuse a levantar el brazo.

-Yo mismo. Respondí con decisión.

A medida que me levantaba de la silla, me acercó la tiza blanca que llevaba manchando la punta de sus dedos durante más de 30 años,  y con cierto grado de confianza superficial causada por la presión del momento,  escribí la respuesta en la pizarra.

Los resoplidos y las caras de sorpresa se empezaban a multiplicar a medida que terminaba la fórmula. Sentí un  cosquilleo que simulaba la satisfacción de la victoria,  y el  profesor Navarro finalizó la escena con un “no deja de sorprenderme, señor Tena”.

Volví a tomar asiento, miré la hora en el reloj que estaba apoyado en la estantería de los libros de clase, y comprobé que ya tan solo quedaban cinco minutos.

En esos cinco minutos,  la compañera que tenía al lado me hizo saber que estaba muy sorprendida por mi lección, y me propuso que se lo enseñara una tarde de domingo tomando un café calentito en el centro. Me negué, soy un hombre de retos, y cuando las oportunidades se presentan tan sencillas, no me motiva en absoluto su resultado,  además, en las últimas semanas había engordado un par de kilos.

Justo en el momento en que la cosa se estaba poniendo fea,  apareció la campana para salvarme,  y me apresuré a abandonar el aula rápidamente.

Me puse la chaqueta, los guantes y mi bufanda de lana; las calles de Barcelona a principios de Febrero eran aptas para el ecosistema de los pingüinos,  y crucé la puerta de la clase.

De camino a la estación de tren, no podía dejar de pensar en la cita que tenía aquella tarde,  había quedado con Marta, la chica con la que llevaba siete meses saliendo, y no sabia como decirle que ya no quería seguir con ella evitando pasar más de media hora escuchando berridos y frases con punzón, capaces de hacerme recapacitar en ciertos aspectos de mi conducta y mi estilo de vida.

Y es que realmente, había pasado unos grandes meses junto a ella, pero ya se sabe, tener veinte años, un cuerpo cuidado y con éxito, y un estilo de vida muy alocado, no era compatible con dar fiabilidad a una relación esporádica que ya había durado demasiado.

Mientras la gente del tren me observaba con incredulidad, yo seguía practicando esa frase mágica para dejarlo todo y sentirme un buen chico.  Era la escena típica de película americana en la que el chico con chaqueta desabrochada de equipo de fútbol,  frente a un espejo y con mirada de “lo siento nena, pero no te puedo dedicar más tiempo” practicaba una y otra vez.

“He pasado unos grandes meses a tu lado, pero me tengo que centrar en los estudios”, “He recapacitado y creo que prefiero que seamos amigos”, o “ Lo siento pero soy gay” eran algunas de las grandes favoritas a ganar el Oscar a la ruptura más eficaz y menos sangrienta de los últimos tiempos.

Mientras seguía en mi mundo, se escuchó la voz robótica de la señora del tren anunciando la próxima parada y me amontoné en la puerta de salida segundos antes de que se detuviera definitivamente.

Recuerdo que cuando era pequeño,  trataba de colocarme de los primeros para pulsar el botón verde, una de esas cosas que te hacen sentir importante a esas edades,  y realmente, siempre que estaba en aquella situación, lo recordaba.

Saliendo ya del vagón me crucé con una profesora que había tenido en primaria, una tal MariJose o Mariajosé, no lo recordaba muy bien, y me invadió esa gran duda a la hora de cruzarme con alguien que era vanidosamente recordado.

¿La saludo ya?¿Me espero un poco?... ups, creo que todavía no me ha visto…a ver, creo que ya si, ¿Se acordará de mi?, porque con las pintas que llevo últimamente, y lo cambiado que estoy quizás ya…

- ¡¿Hola Martin?!, exclamó, la ya mayor, profesora de primaria.

- ¡Hola!, Marijo…Maria… ¡Señorita!, ¿Cómo está?, respondí yo con habilidad.

- Bien, hijo, bien,  tratando de seguir haciendo que los chicos estudien y sean alguien el día de mañana. ¿Por qué tu ya eres un hombre de provecho verdad?, preguntó con una mirada, en la que en caso de respuesta negativa, hubiera optado por responder afirmativamente de todas formas…

Sí, ¡Claro!, estoy en Barcelona, haciendo un poquito de ingeniero. Contesté sabiendo que se sentiría orgullosa.

De repente, la cara de la señora, se empezó a poner color capote taurino, y fuí consciente de que estaba empezando a faltarle la respiración cuando se intentó hiperventilar con la mano derecha.

-       ¿Esta bien?, pregunté algo atontado y falto de recursos.

No recibí contestación alguna, era evidente que la mujer necesitaba ayuda.

La agarré por el tórax para que no se cayera, intentando no llamar demasiado la atención, el andén estaba lleno de gente, y de momento el asunto seguía estando entre ella y yo. La intenté sentar en el banco que por suerte estaba situado a un metro escaso, acompañándola con unas palmaditas en la espalda.

Me senté a su lado y parecía que la mujer se sentía algo más aliviada.

-       Gracias, hijo, gracias… Ya se sabe que con la edad…. Susurró agotada.

Esperé unos minutos a que volviera a su estado inicial. Ya es mala suerte que no sabiendo si saludar o no, me acabase pasando eso,  pero que le íbamos a hacer, no iba a dejar a la mujer ahí, con el ataque respiratorio o lo que fuera eso.

En cuanto la vi algo recuperada, le pregunté si ya estaba todo bien, y partí de nuevo hacía casa, algo tarde, pero todavía a tiempo para que mi madre no se enfadara por llegar con la comida fría.

Volteando la calle anterior, de la anterior a la mía, consulté el reloj del móvil, comprobando si todavía estaba en el intervalo horario para llegar a casa sin problemas domésticos.

No, no lo estaba, y aceleré el ritmo de mis piernas al instante, como participando en una carrera olímpica de marcha,  y logré llegar a la puerta de mi casa en 38 segundos exactos, entonces,  piqué con el puño en la puerta tres veces.

- Hola cariño. Dijo mi madre con una sonrisa de oreja a oreja. ¿Sabes quién ha venido a comer?

Justo en ese instante apareció al fondo del pasillo. Si, era Marta, y no, no esperaba para nada la visita. Más que nada porque ella y mi madre apenas se conocían de cuatro ratos que había pasado por casa.

-       ¡Hola Martín!, dijo también sonriente.

Recuerdo esa comida como uno de los momentos más sobreactuados de mi vida, ¿Cómo hacer para que todo parezca correcto, sabiendo que en mi cabeza no lo está? Difícil pregunta, fácil ejecución.

Me mantuve como si nada fuera a pasar, hice las delicias de mis dos acompañantes contando lo que me había pasado hace un rato en el tren con la profesora, e incluso lo hice con gracia. La tarde con todo ello figuraba más complicada de lo que en un principio iba a ser, porque si una cosa he aprendido a lo largo de mi vida, es que los cambios de estado bruscos en poco tiempo son aún más complicados de gestionar.


lunes, 5 de septiembre de 2011

La piel que habito

Pedro Almodóvar nos trae a cartelera este thriller/drama psicológico y sobretodo creativamente inédito con tintes de humor negro. La piel que habito, un film enigmático, turbio y algo misterioso que nos llevará a la butaca con un plus de atención para que no se nos escape nada.


De primeras, comentar que la cinta entra con un tono de película distinta y algo antigua pese a datarse en un futuro próximo, colores muy marcados y toque algo Kubrickiano. Banderas nos abre el telón protagonizando a un cirujano plástico muy amante de su trabajo, obsesivo sería la palabra, ciertamente enigmático , pero que habiendo terminado la pelicula, lo tacharía de "¡casi!, pero no..", porque no consigue meternos su frialdad en el cuerpo, no lo hace longevamente recordable.

El resto de actores, como el propio Banderas, están muy a la altura, y se alejan de los estilos primitivos de Almodóvar, no colaría como una película tipicamente española, pese a las sí tipicas escenas de sexo, esta vez, mucho más elegantes y comedidas.

La trama funciona con un planteamiento muy interesante y grotesco, dejando todas las dudas y preguntas sobre la mesa, y mostrandonos la fantasía que existe en la mente del manchego, con personajes inanodinos, y una posterior historia que nos costará comparar a algo anterior.

A medida que avanza la película, personalmente, he tenido la sensación de que, pese a que jugamos en una liga superior, nada a salido a la palestra como sorpresa mayúscula y la história rueda en la línea de lo estúpido y sin sentido, esperando algo más que no llega, esperando eso que haga pasar de una película bien montada a una gran película. Se queda ahí, dejando el regusto agridulce de haber entendido demasiado y no haber exprimido nada.

En conclusión, tenemos la sensación de haber visto algo muy nuevo, pero que nos deja algo indiferentes.

La nota de Tope Gama, un 6.3